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Síntomas y signos


Ganglios inflamados por enfermedad del beso
Ganglios inflamados por enfermedad del beso
Los síntomas clásicos de la enfermedad del beso (mononucleosis infecciosa) son dolor de garganta, fiebre, náuseas, astenia, malestar, inflamación faríngea, vómitos, petequias (manchitas rojas en la piel) y pérdida de apetito. Otros síntomas comunes incluyen linfadenopatía (inflamación de los ganglios linfáticos del cuello y, con menor frecuencia, de las axilas), esplenomegalia (bazo agrandado), dolor de estómago y de cabeza, erupciones en la piel, tos, dolores musculares, hepatitis (inflamación de los hepatocitos o células del hígado) y hemólisis (estallido de las células rojas de la sangre).

Los adultos mayores son menos propensos a tener dolor de garganta o linfadenopatía, pero son más propensos a presentar hepatomegalia (agrandamiento del hígado) e ictericia.

Los síntomas no suelen sentirse hasta 4-7 semanas después de la exposición al virus de Epstein-Barr. El efecto más evidente de la enfermedad del beso en los pacientes es la falta de energía en la vida cotidiana. Se hace difícil para los pacientes la actividad de rutina a alta velocidad, y necesitan dormir más que cuando están sanos.

Signos y síntomas no específicos como fiebre, fatiga, malestar general y dolor de cabeza están presentes en aproximadamente el 90% de los casos y aparecen entre 30 y 60 días después de la exposición en adultos jóvenes y 10-15 días en los niños. La fiebre, a veces elevada en los jóvenes, a menudo es el síntoma de presentación. A esto se asocia una faringotonsilitis de grado variable, a veces sólo modesta y caracterizada por eritema, y algunas veces grave, con un cuadro exudativo o pseudomembranoso que puede recordar a la infección por Streptococcus pyogenes o incluso por Corynebacterium diphtheriae.

También están presentes disfagia (dificultad para tragar) y odinofagia (dolor al tragar). En este contexto, después de aproximadamente una semana, pueden ocurrir (en el 30% de los casos) pequeñas lesiones petequiales a nivel de la unión entre el paladar blando y el paladar duro, un síntoma típico de la enfermedad del beso.

La linfadenopatía (inflamación de ganglios), casi siempre presente, se encuentra típicamente en las cadenas cervicales laterales, tanto en la zona anterior como en la posterior. Los ganglios linfáticos afectados, del tamaño de una avellana o un poco más grande, tienen una consistencia duro-elástica, son móviles en el plano profundo y superficial, no se asocian con alteraciones de la piel suprayacente y son intensamente dolorosos a la palpación. Aunque las áreas cervicales son las más afectadas, la linfadenopatía puede apreciarse a nivel de todos los ganglios linfáticos superficiales, como los sitios epitrocleares, axilares, inguinales y poplíteos. Incluso las zonas profundas, si son investigadas, pueden aparecer hinchadas.

La esplenomegalia (agrandamiento del bazo), presente en más del 50% de los casos, puede estar asociada variablemente a una modesta hepatomegalia (agrandamiento del hígado), y aproximadamente en el 9% de los casos también puede presentarse ictericia.

Un exantema, o más correctamente una erupción no específica, a veces rubeliforme y otras veces escarlatiniforme, morbiliforme o urticarioide, ocurre en el 10% de los casos y se asocia a menudo con el tratamiento empírico de la faringitis con penicilina semisintética (como la ampicilina).

Una hiperhemólisis (destrucción exagerada de los glóbulos rojos) es detectable en el 3% de los casos, y se asocia con la presencia de inmunoglobulinas M (IgM) anti-eritrocitos, detectable con la prueba de Coombs. Este tipo de anemia inmunohemolítica a menudo se produce entre la tercera y la cuarta semana, con regresión espontánea después de unos dos meses. La patogénesis inmunológica es causa de trombocitopenia [20] que, sin embargo, no está asociada con trastornos de la coagulación.

Otros signos y síntomas asociados son la amigdalitis y, con menor frecuencia, la diarrea y el dolor abdominal.

Signos y síntomas menos frecuentes son la trombocitopenia (niveles bajos de plaquetas), con o sin pancitopenia (niveles más bajos de todos los tipos de células sanguíneas), rotura esplénica, hemorragia esplénica, obstrucción de las vías aéreas superiores, pericarditis y neumonía. Otra manifestación rara de la mononucleosis es el eritema multiforme.

La enfermedad del beso está a veces acompañada por un trastorno secundario provocado por las crioaglutininas, un trastorno autoinmune en el cual anticuerpos anormales circulantes son dirigidos contra los glóbulos rojos y puede conducir a una forma de anemia hemolítica autoinmune. La crioaglutinina detectada es de especificidad anti-i.

Los pacientes con enfermedad del beso son a veces mal diagnosticados con una faringitis estreptocócica (a causa de la tríada clínica clásica de fiebre, faringitis y adenopatía) y se les administran antibióticos tales como ampicilina o amoxicilina como tratamiento (ambos contraindicados). Algunos estudios indican que, aproximadamente, el 80-90% de los pacientes con infección aguda por el virus de Epstein-Barr tratados con los antibióticos citados anteriormente desarrollan una erupción difusa de color rojo.

Síntomas similares pueden estar causados por citomegalovirus, adenovirus, y Toxoplasma gondii, pero darán negativo a una prueba de anticuerpos heterófilos.

Patología


Más allá de los cambios hematológicos típicos, en el curso de la mononucleosis infecciosa son frecuentes varios trastornos, especialmente los que afectan al bazo y al hígado. El bazo está agrandado y palpable, y puede tener síntomas no específicos tales como hemorragia subcapsular. El hígado puede presentar infiltración difusa de los espacios portales, con alteraciones en sentido regresivo del parénquima hepático y pequeños infartos fragmentados. Los linfocitos también pueden infiltrar las porciones periarteriolares del intestino y los tejidos subcutáneos. Los ganglios linfáticos están agrandados por todo el cuerpo, especialmente en las axilas, la ingle y la región cervical posterior. El examen histológico revela la presencia de linfocitos T, a menudo tan prolíficos que dan lugar a un marco morfológicamente similar al de los linfomas.

La mononucleosis también puede afectar al sistema nervioso central, que puede presentar edema y, rara vez, degeneración de la mielina de los nervios periféricos.